Daniel Tirso Fiorotto (*). Paisano tranquilo de tez adobada al sol, el señor Rivero caminaba con una desmalezadora al hombro hacia el puente sobre el arroyo Las Tunas junto a las vías del tren entre Paraná y Colonia, acompañado por siete perros lanudos, grandes todos. Nos saludamos como lo hace la vecindad, nos dispusimos a conversar de bueyes perdidos, asuntos del día, la tormenta de la semana pasada, y los siete perros aprovecharon para meterse por un caminito entre los cañaverales y zambullirse en masa al arroyo. Bañarse y tomar agua, qué algarabía, qué satisfacción.

 

Ese arroyo es un mar de caca, un mar de bacterias y mucho más: la acumulación de residuos cloacales de Paraná (Parque Industrial), Colonia y San Benito, más otros residuos industriales y agropecuarios, lo han convertido en peligroso al extremo, y eso tiene nombre: “genotoxicidad”, es decir: guarda la capacidad de generarnos cambios genéticos, malformaciones.

 

¿Conoce el señor Rivero la magnitud del peligro que los perros llevan a sus hijos, cuando sacuden las bacterias, cuando los niños de la casa abrazan a sus mascotas? Algo sabe de las cloacas, pero ignora el grado de riesgo extremo. Digo, porque lo conversamos.

 

Los vecinos de la zona comentan que algunos perros de la calle despiden un olor insoportable, al punto que una mujer se fue de la puerta de un kiosco días atrás, para volver luego, porque entre los clientes había gurises con perros que hedían a un punto insufrible. El arroyo podría ser una de las razones, no sabemos, pero calculamos.

 

Empezamos hablando de siete perros porque nos impactó la escena, y nosotros sí conocemos la situación, por eso somos más responsables en el abordaje del daño. El que sabe debe hacerse cargo, no hay vueltas. ¿Cómo la conocemos? Por dos vías: hemos caminado cincuenta veces por las costas de Las Tunas y sus afluentes, hoy con pastizales de dos metros de altura, y hemos leído los informes del Conicet, la Universidad Nacional del Litoral, el INTA, el INALI y otros organismos de prestigio, que nos alertan sobre el daño que hemos infringido a la cuenca de Las Tunas por distintas vías.

 

Por eso, por caminar junto al arroyo, nos encontramos con el señor Rivero y sus perros, como saludamos de manera habitual a los jóvenes, seguramente con hijos pequeños, que pasan con baldes y horquillas para buscar lombrices y venderlas al turismo. ¿De dónde las sacan? De los barros de Las Tunas. Las excavaciones se aprecian en las orillas. ¿Se entiende nuestra pesadumbre?

 

Y volvemos a lo mismo: aquellos conscientes de que los arroyos están sucios, se arriesgan igual; peor sería no contar con esos pesitos que obtienen por las lombrices, con los que podrán cenar en familia. Pero aquellos conscientes de que los arroyos no están sólo sucios, sino que se han convertido en un arma mortal, no podemos sino estremecernos. Los muchachos humildes empuñan horquillas, no llevan guantes, ¿con qué seleccionan las lombrices? ¿Y dónde se lavan las manos, antes de llegar a casa y abrazar a sus niños? ¿Los comerciantes de las lombrices están advertidos? ¿Y los turistas que manipulan esas lombrices, esos barros?

 

Una cosa es contarlo, otra cosa es ver y oler los caños de gran diámetro volcando miles de litros de líquidos cloacales crudos en los arroyitos. Los científicos como el doctor Rafael Lajmanovich sostienen que cada tanto se dan “pulsos tóxicos”, es decir: las industrias, los caños domiciliarios y municipales, los sistemas de producción agraria y los feed lot, los tambos, van acumulando sustancias complejas en distintos tramos. Una lluvia los junta, los potencia, y los lanza hacia la cuenca madre que aún guarda peces. De ahí las mortandades masivas que se ven de tanto en tanto, si no es aquí, es allá. La más impactante ocurrió días atrás en el Carcarañá, del lado santafesino.

 

No todas son pálidas, felizmente. El gobierno provincial, con importante participación de la Secretaría de Ambiente y el Consejo Regulador del Agua -Corufa-, junto a los municipios de Paraná, Colonia Avellaneda y San Benito decidieron aceptar la propuesta vecinal promovida desde 2023 de formar un Comité de Cuenca, y como resultado logró constituirse el órgano ejecutivo en setiembre de 2025, con alta participación de vecinalistas, ecologistas y científicos, además de los organismos de los estados.

El Comité de Cuenca del Arroyo Las Tunas avanzó en una agenda operativa

Fueron décadas de desidia y vaivenes, con obras que funcionaron corto tiempo y colapsaron. Hoy las cinco partes (tres municipios, provincia, organizaciones intermedias) están dando pasos fundamentales para revertir el proceso de deterioro desde este año 2026. Todo muy incipiente, claro. Primero consensuaron principios teóricos y planes, leyeron distintos informes, visitaron de manera reiterada segmentos de la cuenca para conocer la región y detectar los puntos de mayor daño, para pasar entonces al plano práctico. En este mes de marzo ya están plantando carteles de advertencia, dialogando con la vecindad, construyendo rejas que impidan el paso de plásticos, y acordando un shock de limpieza de los minibasurales que, desde los tres municipios, aportan toneladas de residuos sólidos con cada lluvia.

 

Al mismo tiempo, están dialogando con intendentes y con autoridades provinciales de Obras Sanitarias, Hidráulica, Salud, etc. Han recibido la promesa de rehabilitar en junio de este año dos lagunas sanitarias que servirán para morigerar el problema generado por San Benito y Colonia Avellaneda; y de avanzar en el tratamiento de las cloacas del Parque Industrial de Paraná. Además de una serie de medidas que generen conciencia sobre el estado de la cuenca y la necesidad de recuperar la salud integral del ecosistema.

 

Los primeros carteles que advierten del peligro de los arroyos y llaman a no tirar residuos ni formar minibasurales fueron plantados en lugares estratégicos, por donde ingresan las familias de a pie a los cursos contaminados.

CUMPLE 20 AÑOS

 

El Comité de Cuenca Arroyo Las Tunas es una entidad mixta sin presupuesto propio, conformada por organismos públicos y organizaciones civiles diversas, que depende de una ley sancionada hace dos décadas. Es decir: pasó mucho tiempo, cinco gestiones de gobierno, para que empezara a dar frutos una norma consensuada por distintas partes durante la tercera gestión de Jorge Pedro Busti y Pedro Guastavino. La ley fue sancionada el 21 de diciembre de 2006, y promulgada el 31 de enero de 2007. Cumple 20 años, y es la base de dos comités de cuenca en funcionamiento en la actualidad, sobre los arroyos Perucho Verna (el primero, en la costa del Uruguay), y Las Tunas en la costa del Paraná.

 

Como anécdota digamos que el ex gobernador Jorge Busti (fallecido hace cuatro años) y el actual gobernador Rogelio Frigerio fueron socios políticos durante el menemismo y durante el kirchnerismo, y los arroyos los han vuelto a conectar por la positiva, si el segundo pone en práctica la ley de comités de cuenca que promulgó el primero. Si las deudas con la ecología y la salud son incontables, la apertura a la participación abre caminos alentadores.

 

Además de las entidades sociales que no responden a ningún partido y tienen décadas de vigencia, participan en el Comité de Cuenca organismos vinculados al PRO, el radicalismo y el peronismo. Esa constitución multisectorial y la necesidad de apego a normas diversas de distintos estados podría frenar los objetivos, y ese es un riesgo real. Pero también podría potenciar soluciones.

 

La política del agua está fragmentada en la Argentina en diversas instituciones, a veces con responsabilidades superpuestas, de modo que un Comité de Cuenca puede sumar ruido al ruido. En el caso que nos ocupa, se han sentado en la misma mesa diferentes actores, con distintos grados de conocimiento del problema pero con disposición para escuchar los argumentos de cada parte. Se trata, pues, de una experiencia poco explorada que amerita mucho esfuerzo, y empieza a mostrar tímidamente un carácter propio.

 

Si se miran los hechos: de 2023 en que empezaron los reclamos por la destrucción de la cuenca, con cartas al entonces gobernador Gustavo Bordet y a los distintos intendentes y demás organismos responsables de ese declive ecológico y sanitario para formar el comité de cuenca, se ha avanzado poco. Desde setiembre de 2025 se nota otra lógica, y el año 2026 promete una bisagra para frenar y revertir el deterioro. Largo sería enumerar los compromisos que va adquiriendo el Comité de Cuenca, pero baste decir que incluso propone a los distintos estamentos revisar las políticas de tierra en los tres municipios, para salvar a muchas familias de los riesgos que asumen por habitar humedales o bordes peligrosos; y analizar por qué existen tantos espacios altos, los mejores, librados a la especulación, en todo el Gran Paraná, lo cual dificulta a los jóvenes organizar sus familias en espacios adecuados, hoy inaccesibles para sus magros ingresos.

 

Romper las fronteras para valorar la cuenca de manera integral, romper la inercia en distintos ámbitos, recuperar los lazos de las comunidades humanas con el resto de la naturaleza, convencer a los industriales de que el arroyo no es su vertedero, revertir la creencia de muchos vecinos de que todo se resuelve entubando los arroyos, lleva su tiempo.

 

Uno de los obstáculos a salvar consiste en que sólo algunas reparticiones de los estados nacional, provincial, municipales, han tomado conciencia de los riesgos. Algunas tardan meses en dar una sencilla respuesta. De modo que marchan a ritmos distintos, y eso dificulta las actividades y desgasta a personas que, por supuesto, trabajan en recuperar la salud de la cuenca por amor a la cuenca, sin fines de lucro, todos ad honorem.

 

Como contrapeso está la voluntad de muchos para dedicar tiempo y esfuerzo. Alienta ver a altos funcionarios, profesionales, catedráticos, tomando la pala, cavando un pozo, armando la mezcla para fijar carteles, acarreando hierros, armando rejas, asistiendo a cada reunión, redactando actas e informes, cultivando la paciencia en los disensos; testimonios de una determinación colectiva inquebrantable para que los niños del señor Rivero, y de tantos y tantas como él, se alejen del riesgo extremo que les llega por distintas vías, y muchas veces como regalo inesperado de sus propias e inocentes mascotas.

 

(*) Periodista. Presidente del Comité de Cuenca Arroyo Las Tunas.

Texto publicado originalmente en Análisis Digital.