Por Silvio Méndez (*). Invitados por el Comité de Cuenca del Arroyo Las Tunas, la revista Análisis recorrió distintos focos de contaminación de este curso de agua que desemboca en el río Paraná. La exploración atravesó la zona donde confluyen las jurisdicciones de Colonia Avellaneda, San Benito y el municipio de la capital entrerriana. El “tour” incluyó microbasurales, piletas de tratamiento cloacal colapsadas y un posible desagüe clandestino del Parque Industrial. Estas infecciones convierten algunos tramos del arroyo en una superficie negra y compacta. Frente a las intensas lluvias anunciadas con el fenómeno de El Niño, el ente advirtió sobre el riesgo de los taponamientos y las obras inconclusas.

La problemática de contaminación de los arroyos tiene un factor en común: Los residuos urbanos que vecinos o pobladores arrojan sobre el mismo curso o en sus inmediaciones y que forman pequeños basurales. Estos montículos con desperdicios de todo tipo pululan en sus alrededores y son desparramados por el viento. O son arrastrados hasta los cauces por el caudal de las fuertes precipitaciones. Así lo explica Rafael Lajmanovich, biólogo e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), al inicio de la excursión por una zona tripartita donde se produce la gran contaminación del arroyo Las Tunas, en su último tramo antes de la desembocadura aguas arriba de la toma que alimenta la planta potabilizadora de la capital entrerriana.

Lajmanovich forma parte del periplo al que fueron convocados interesados en explorar un sector crítico del arroyo caracterizado por escenario demás hediondo y desolador. Por momentos parece un paisaje postapocalíptico, por esa basura de plásticos que se encuentra en todas partes. Esta conducta de arrojar los desperdicios en rincones solitarios es los que se repite en distintas cuencas, razona el científico con sus interlocutores de viaje. Pero en el caso que nos convoca, la situación se ve agravada por la sumatoria de otros factores alarmantes. De eso se trata la incursión a la cual se sumó Análisis un fin de semana de julio de 2026. Por invitación del presidente del Comité de Cuenca de Las Tunas, Daniel Tirso Fiorotto, la proposición fue a conocer, in situ, los distintos puntos donde se genera la mugre y la suciedad que va al arroyo. También la posibilidad de llegar a un lugar todavía inexplorado donde crecen las sospechas sobre un desagüe clandestino proveniente del Parque Industrial y que termina consumar un combo tóxico para las aguas.
Tirso Fioroto es vecino en barrio Los Zorzales, en Colonia Avellaneda, cercano al límite que, al Oeste, tiene a Paraná, con el arroyo Las Tunas como divisoria. También es colindante a San Benito, hacia el Sur, desde el punto que el curso de agua hace vértice con avenida Almafuerte – Ruta 12. Hacia el otro lado de enlace vial, todo eso es territorio del municipio que lleva el nombre del santo “protector contra el mal, las tentaciones y el veneno”.

Tras un breve encuentro en la casa del anfitrión, al que llegaron Lajmanovich –que también integrante del Comité de Cuenca–, el profesor Mario Castaldo y Análisis, salimos hacia el otro lado de la ruta en búsqueda de Ricardo Lole Rodríguez, militante social y habitante de San Benito. Tomamos por calle Bertoldi que, tras el cruce de los semáforos con la ruta 12, se convierte en avenida Miguel Marizza de la vecina localidad. Apenas partimos, Tirso Firotto pide detener el vehículo que nos trasladamos unos segundos para que observemos sobre los arbustos que van en paralelo a la calle de tierra, antes de llegar a convertirse en asfalto. Entre los yuyos asoman tímidamente unas pencas de cactus. “Ahí quedan algunas tunas, esas a las que le debemos el nombre que se le da al arroyo”, describe con cierta nostalgia.
PUENTE DE LAS ÁNIMAS

Luego de subir a Lole a la camioneta, desandamos el camino por donde llegamos y nos dirigimos a Bertoldi al final, para arribar al primer punto previsto de nuestro recorrido: Un puente “sin nombre” sobre arroyo Las Tunas y que también es el cruce del límite interjurisdiccional. Allí convergen, desde el Oeste, avenida Churruarin Bis de Paraná y, desde el Este, Convención Constituyente 2008, de Colonia Avellaneda. Para encontrar el puente nos hemos alejado poco más de 1 kilómetro de la ruta 12. Y en el camino hemos podido ver eso de lo que comenzamos a conversar: la basura tirada por todas partes, donde sobresalen esos flecos de envoltorios desechos se va acomodando donde remolina el viento.

Nos detuvimos unos metros antes del cruce para continuar a pie. Ese tramo se torna peligroso porque un gran socavón ha horadado las cabeceras del enlace que aparenta ser una construcción robusta. Del lado de Paraná está más complicado. El agua arrastró material pesado que ha comenzado a comer la tierra en un recodo del arroyo y llega a morder la calzada. Nos asomamos al hundimiento y semienterrados se pueden ver restos de lavarropas, carcazas de metal y botellas de plástico. En paralelo a Churruarin Bis y Convención Constituyente, en la altura, pasa un puente ferroviario. Es la línea de tren que hasta mayo pasado llegaba a La Picada y que dejó a pie toda esa comunidad y los estudiantes que iban hasta la Escuela Almafuerte. El profesor Castaldo acota que cuando se podía viajar, desde los vagones, en uno de los lados del magnífico puente, se veía un tallado el número de un año del siglo pasado que, con el tiempo se fue borrando.
Desde arriba de la plataforma de enlace, el agua del arroyo se ve con esa atmósfera fantasmagórica que le dan las innumerables bolsas de polietileno colgando de las ramas de árboles y arbustos que se encuentran en las orillas. Como si fueran frutos innobles, flamean en las alturas que, en algunos casos, superan los 2 metros desde la base. También se ven cubiertas de automóviles flotando, latas y restos de lo que no ha podido llevar la corriente.

CLOACAS SIN FIN
Dejamos el puente y nos dirigimos a calle El Pinar, para tener una bajada con mejor acceso que nos permita llegar a las orillas del arroyo. Tomamos el vehículo y nos trasladamos a un punto situado en paralelo, pero unas cinco cuadras al Oeste. Atravesamos un pajonal y descendemos por un sendero cubierto por la sombra tupida de los árboles. A cada paso hay basura por doquier. En el piso, donde queda atascada en lo yuyos cuando bajan las aguas turbias después de una crecida, hasta en las ramas más altas donde cuelgan trapos y bolsas arpilleras enteras. Al pie de un árbol se amontonan latas y botellas plásticas. No están acumuladas al azar, alguien las ubicó así. Seguramente algunos chicos que recolectan materiales para reciclar las están acopiando para algún momento poder retirarlas y venderlas, comentan. De esta observación deriva el diálogo sobre la educación ambiental, que sigue siendo una asignatura pendiente por la falta de un programa firme y continuo en las escuelas. También se entiende que cada comunidad educativa aborda de un modo distinto la problemática. En los colegios de la periferia el vínculo con el arroyo está dado por su cercanía; es parte del territorio que se habita, donde algunos integrantes de la comunidad acuden a buscar lombrices para la pesca y cosas para reciclar. En las escuelas del centro, la mirada es más lejana y fría, reflexiona el profesor Castaldo y expone que a su vez hay pocos materiales pedagógicos disponibles para tratar las cuestiones ecológicas y de impacto local.
Subimos desde la costa y vamos hacia el oeste de la calle El Pinar al final. Hay unos matorrales y plantas silvestres que dejan las botamangas llenas de espinas, así que vamos pisando con cuidado. “Por acá es donde querías traer al gobernador”, le dice Lole a Lajmanovich, recordando aquella vez que Rogelio Frigerio, en marzo de 2025, participó de una jornada de limpieza del arroyo Las Tunas. “Sí, sí, pero no llegó”, le contestan sobre la anécdota.

Al otro lado de calle El Pinar, a unos metros de la traza que allí termina, se encuentra una cámara en donde confluyen las aguas que trae el arroyo Los Zorzales y se unen los caños de efluentes cloacal. Lajmanovich retoma su idea trabajada en base a su experiencia y trabajo a campo en esa misma cuenca. A la basura en dispersión que llega al arroyo, en Las Tunas se suma el vertido de líquidos residuales de las piletas cloacales en las que se deberían tratar los efluentes de Colonia Avellaneda y San Benito pero que, en los hechos, no funcionan. Se trata de una obra inconclusa encargada por el Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento (Enohsa) cuando el actual diputado provincial Enrique Tomás Cresto estaba al frente del organismo nacional. Con un plazo de ejecución que tenía como fecha de finalización en julio de 2022, la empresa Organización Industrial Construcciones (OIC) SA debía finalizar los trabajos que nunca concluyeron.
En esas cámaras de cemento donde llegamos tienen las tapas rotas y, desde lo alto, podemos ver como por lo bajo pasan las aguas crudas provienen de las lagunas sanitarias que se encuentran a unos 100 metros de ese punto. El olor que emanan los líquidos es sulfuroso y corrosivo, y deja ardiendo las fosas nasales. Allí se unen con las aguas del arroyo Los Zorzales se unen allí, desde donde continúan, podridas, malolientes y negras hacia Las Tunas.
CAÑO ESCONDIDO

Nos queda un poco más de tiempo y del recorrido. Vamos hacia el lugar más inhóspito a buscar aquello que se nos prometió encontrar. Tomamos por la ruta 12 e ingresamos al Parque Industrial de Paraná por calle Arq. Walter Grand. Pasamos el flamante galpón de la afamada fábrica de envases plásticos, llegamos a Valentín Torra y doblamos hacia el Este, para el lado de San Benito. Al final de la calle se ve un conjunto de casas bajas y precarias. Hay unos carteles pintados a mano que señalan que estamos en el “Barrio Parque Industrial”, y que forma parte de la Ley Nº 27.453, conocida como la normativa crea el Registro Nacional de Barrios Populares (RENABAP).
El asfalto se hace de tierra en la esquina donde está la embotelladora de bidones de agua de una famosa marca que se distribuye para dispensers, frente al ingreso del que fueran un complejo de piletas de tratamiento de efluentes que fueron abandonadas. Dejamos el vehículo y seguimos a pie, siempre hacia el Este, en dirección al arroyo. Las huellas de tierra zigzaguean entre unos caseríos y se estrechan hasta desaparecer en un pajonal de hojas altas. Detrás parece que cruza un zanjón o canal que va hacia Las Tunas. Todo hace indicar que se trata del arroyo Las Piedras, que desagua en Las Tunas. A unos 800 metros se ve el puente sobre la ruta 12. Para esa misma dirección, hacia el Norte, pero a pocos metros, un hombre acomoda una pila de ladrillos que pronto va a hornear. Nos adentramos unos 50 metros dentro de la maleza y, con dificultad, alcanzamos el arroyuelo. La superficie parece una goma obscura y seca; se presume que, por debajo, escurre el agua. Esta increíblemente contaminada. Lajmanovich, que lo ha visto todo, se sorprende. Nunca llegó a ese lugar a realizar muestreos y tampoco vio algo así, en ese estado de deterioro. Se detiene para realizar el geoposicionamiento del sitio con su teléfono. Tirso Fiorotto y Castaldo se alejan un poco más, porque quieren saber dónde ese curso se une con Las Tunas, porque surge la duda que sea Las Piedras o un zanjón que lleva agua contaminada de efluentes sin tratar. El profesor Castaldo arroja un tronco sobre la superficie para tratar de ver la profundidad y la madera se hunde hasta ahí, poco más de medio metro. La perplejidad persiste por lo negro de las aguas y surge la hipótesis que sea un zajón ancho que desagua, unos 150 metros más adelante en Las Tunas. Pero no podemos llegar a ese punto porque la vegetación es cerrada, alta y espinosa.

Desandamos el trayecto por donde ingresamos para intentar acceder al curso de agua en una parte superior, y en eso Tirso Fiorotto se detiene a charlar con el vecino ladrillero que le cuenta que vive allí desde que es mozo. Ya ha pasado los 60 años y entiende que lo que encontramos, esa gelatina negra y maloliente, es el arroyo Las Piedras, pero contaminado por un ducto que vuelca efluentes del Parque Industrial en un tramo que no alcanzamos a ver. Retomamos por calle Valentín Torra que, en su último trecho, antes que la maleza gane su traza, tienen un sendero que va hacia al Este y que lleva a un puentecito peatonal que cruza sobre el arroyo Las Piedras, aguas arriba del lugar donde llegamos. El chapón largo sobre la gran zanja lleva hacia San Benito, en un atajo que sube hasta unas casas y luego llega hasta bulevar Crespo. Allí el agua es clara y se alcanza a ver el fondo poco profundo. Un muchacho del lugar, con ropa de trabajo y boina roja se acerca a preguntar qué hace ese grupo de curiosos que trata de encontrar un paso por la orilla. El vocero del Comité de Cuenca le comenta de la exploración. “Estamos buscando el lugar donde el arroyo se vuelve negro”. El interlocutor no aporta datos precisos, pero alimenta las sospechas que hay un caño o cloaca clandestina que vuelca sus pestilencias en algún lugar. “Tienen que venir a las 7 de la mañana para ver cómo las aguas bajan todas cargadas de mugre”. Pero ya es tarde y la comitiva tienen que regresar para atender otros compromisos. La búsqueda de ese drenaje quedará para otro día.

EL COMITÉ DE CUENCA DEL ARROYO LAS TUNAS
Es una entidad mixta sin fines de lucro en la que participan organismos del Estado Provincial, las Municipalidades de Paraná, Colonia Avellaneda y San Benito, entidades ecologistas y vecinales, y el Consejo Regulador de las Fuentes de Agua (Corufa). Es una entidad multisectorial que se convoca en aplicación de la Ley Nº 9.757 de 2006 que regula la creación, conformación y funcionamiento de los Comités de Cuencas y los Consorcios del Agua en todo el territorio provincial.

(*) Crónica. Putrefacción y cambio climático en la Región Metropolitana. Publicada en la edición gráfica de revista Análisis Nº 1.173, del 20 de agosto de 2026.
