Un informe elaborado por investigadores del Conicet dio cuenta de la presencia de pesticidas en los sedimentos del río Salado, provincia de Santa Fe. El documento fue elaborado para la Procuración General de la Corte Suprema de Justicia de la vecina provincia, a propósito de la investigación sobre sobre la mortandad masiva de peces que se visualizó entre noviembre y diciembre de 2020. También se detectaron residuos de clorpirifos en los tejidos de los ejemplares muertos, un potente agroquímico que ya no se permite en Europa, según se lee en el documento al que accedió ERA Verde.

 

“Se detectó la presencia en branquias e hígado de la especie estudiada (sábalo), residuos de un potente y letal insecticida organfosforado (OP). El clorpirifos es el insecticida OP neurotóxico de amplio espectro más utilizado en Argentina, principalmente en cultivos de soja, maíz, trigo y girasol para controlar plagas de insectos donde actúa inhibiendo la acetilcolinesterasa y causando la muerte por colapso del sistema nervioso. Debido a sus grandes riesgos para la salud humana y animal (sus exposiciones crónicas pueden causar déficits cognitivos y conductuales) en enero de 2020 la Unión Europea prohibió el uso del clorpirifós”, se indicó en el informe técnico elaborado científicos de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (Conicet) sobre las muestras obtenidas en la mortandad de peces que se observó en el río Salado a fines del años pasado.

 

En el informe de investigación se detalló sobre el muestreo en agua, sedimento, branquias e hígado de los ejemplares testeados. En cuanto al primer ítem, los científicos señalan que si bien “los antecedentes sobre la presencia de plaguicidas en aguas y sedimentos del río Salado en la Provincia de Santa Fe son escasos” existen un estudios de en los “canales de desagües urbanos y rurales en los alrededores de la ciudad de San Justo” (Santa Fe), llevados adelante por el Laboratorio de Ecotoxicología de la Facultad de Humanidades y Ciencias (UNL) y Conicet donde “se determinó concentraciones de glifosato halladas en agua, que fueron mayores a los niveles guía de calidad de agua de riego”. En este sentido, se resaltó “que una de la especie más afectada en las mortandades masivas del río Salado suele ser el sábalo. Justamente de esta especie, existen trabajos científicos del Inali Conicet que indican que en la cuenca inferior del río Salado sus poblaciones viven en condiciones ambientales estresantes”.

 

Río tóxico

 

En cuanto a las muestras de agua del río Salado recolectada durante el evento de mortandad masiva ocurrido entre noviembre y diciembre de 2020, se comentó que no se detectaron plaguicidas en aguas superficiales. Sin embargo “en el 100 % de muestras de sedimentos recolectadas en las márgenes del mencionado río en los mismos puntos, sí se obtuvieron valores detectables del herbicida glifosato”. Hallándose entre 20 miligramos (± 10) ug/kg y 60 miligramos (± 10) ug/kg por kilo. Y que “los valores hallados se encuentran en relación de magnitud con los registrados por diversos investigadores en otras cuencas agrícolas argentinas, que tiene que ver con la historia de los suelos que, luego de las lluvias, drenan hacia cuerpos de agua cercanos (arroyos, ríos, tributarios, lagunas) o por escorrentía, movilizando materiales y este herbicida, el más utilizado en las prácticas agrícolas intensivas del modelo productivo se soja transgénica (más conocida como soja RR), que son la mayor fuente de origen o aplicación del agroquímico al ambiente”, se comentó.

 

Es así que teniendo en cuanta lo mencionado como “primera evidencia contundente de contaminación en toda una cuenca por prácticas agrícolas del país, asociadas con el control químico de plagas en el ámbito agronómico”, en “los sedimentos del fondo, fueron los principales sumideros de ambos compuestos (glifosato y AMPA) (hallados) en los sitios de muestreo investigados”.

 

Por último, en el análisis de “los tejidos de los peces recolectados se detectaron en ambos puntos (de muestra) residuos de plaguicidas. En branquias e hígado de Prochilodus lineatus (sábalo) en el Sitio 1 se encontró el herbicida 2,4-D en una concentración de 20 miligramos (± 10) ug/kg y el insecticida organofosforado clorpirifos con 80 miligramos (± 40) ug/kg. En el Sitio 2 hubo solo clorpirifos 30 miligramos (± 15) ug/kg. El herbicida 2,4-D junto con el glifosato y la atrazina son los agroquímicos más empleado en el país. Se utiliza principalmente en la fase previa a la siembra de soja y maíz transgénicos. Además, el 2,4-D por sus efectos tóxicos y genotóxicos en peces, se puede clasificar como una sustancia muy nociva para los organismos acuáticos”, se afirmó en los comentarios y se agregó: “Definitivamente, el 2,4-D se puede considerar como un compuesto que puede causar efectos perjudiciales duraderos para la vida acuática (en especial para peces), de acuerdo con las categorías de evaluación de riesgo de peligro de las directivas de la Unión Europea”.

 

“Por último y más importante”, sobre el muestreo, los científicos advirtieron la presencia de clorpirifos, el potente y letal insecticida organfosforado (OP). En este sentido, se precisó que “de los peces moribundos observados en su mayoría (80%) de juveniles y adultos de P. lineatus (sábalo), y 20 % restante de juveniles y adultos de Pimelodus albicans (moncholo), alebines de Hypostomus commersoni (viejas del agua) se detectaron movimientos de natación erráticos (convulsivos, torsión eje-axial, aletargamiento y espasmos posteriores) y respiración prolongada en la superficie sobre la margen del río. En los ejemplares de P. lineatus eviscerados, se observó agrandamiento de la vesícula biliar, distensión intestinal sin alimento, hígado amarillento, mientras que externamente se detectó pupila dilatada, hemorragia epidérmica y falta de mucus”.

 

Los investigadores advirtieron además que “al ser un compuesto hidrofóbico la persistencia del clorpirifós en sedimentos de sistemas hídricos como ríos y lagos es muy común y hace décadas que se conoce que es el causante de muertes masivas de fauna acuática en especial de peces a muy bajas concentraciones. En este sentido llamaron la atención sobre “los valores de residuos de clorpirifos registrados (30-80 ug/kg) en los peces recolectados durante la mortandad 2020 en el río Salado, (que) están en relación con los rangos hallados en peces de una de las cuencas más afectadas por la contaminación agropecuaria del país como lo es el Río Pergamino (zona núcleo de producción agroindustrial), en donde se detecta la presencia de plaguicidas en ocho de cada diez peces. Los rangos de los valores clorpirifos hallados recientemente para peces de ese río fueron de 20-908 ug/kg”

Cambio de paradigma

 

Finalmente, como recomendación los científicos de Conicet, proponen “un monitoreo más exhaustivo y con continuidad espacio-temporal sobre la presencia de desechos agrícolas (agroquímicos y fertilizantes) tanto en agua, sedimento y tejidos de peces a lo largo de la cuenca del Río Salado, principalmente en especies de interés comercial que sirven de alimento a las poblaciones locales”. Y en un “último punto a considerar, como una forma de comenzar a remediar y restaurar la cuenca de la presencia de sustancias tóxicas para la salud de la vida silvestre y ecosistémica incluida la salud humana, se recomienda fomentar modelos de producción sustentables no contaminantes como los agroecológicos y con participación social. Asimismo, como primer medida de mitigación se plantea la urgente necesidad de aumentar la distancia de los cultivos transgénicos dependientes de plaguicidas a los ambientes acuáticos”.

 

Firmaron el documento, investigadores del Laboratorio de Ecotoxicología de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas (FBCB) de la UNL: Rafael C. Lajmanovich, Paola M. Peltzer y Maximiliano A. Attademo.

 

De la Redacción de ERA Verde