Nos encontramos en un momento en que se afirma un proceso de «socialización ambiental», señala a ERA Verde Darío Dayub, referente de la Asamblea Arbolado Paraná, en su balance del 2025. El integrante de la Asociación Civil Arbolado, el partido GEN y de la Asamblea Parque Urquiza, suma al debate la necesidad de reconocer el agua como bien común más agredido y en estrecho vínculo con el calentamiento global. Demanda también que las gestiones desde el Estado asuman una convocatoria amplia y participativa. Dentro de los desafíos, el abogado ambientalista focaliza con especial atención la concientización de la finitud de los seres humanos en un planeta cada vez más agredido.

1- ¿Qué se debería destacar del período que pasó?
Lo más destacable desde la agenda ambiental con perspectiva global sigue siendo el «cambio climático», por su principal efecto y problema que es el «calentamiento global» que, al no mermar sigue alterando el «ciclo del agua», elemento principal de toda vida, lo que realimenta el problema. Hoy ya nos afecta de manera directa y también condena no ya a generación tan futuras sino a los que vienen dentro de muy poco –los seres queridos, la hija, el nieto, de quién lee–. Destaco esto, en este año, no sólo porque los números globales son alarmantes sino porque desde lo local se impulsan políticas y medidas que contribuyen a agravar el problema, «en» y «desde» la región. El Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), así como está, permite la utilización de Recursos Naturales Esenciales, principalmente el del agua, sin ningún miramiento ambiental. Más aún, ante la disyuntiva de elegir entre uno u otro opta por priorizar la «inversión».

 

El rechazo a la minería en Mendoza es porque con la millonada de litros de agua que necesitaría para funcionar, no sólo se contamina el agua del río que hoy se bebe, sino que le secara afluentes, arroyos y pueblos enteros, llevándose puesta toda la vida allí existente. El intento de modificación de la Ley de Glaciares permitiría la explotación turística y minera, entre otras cosas, ahí. Sí, !Justo ahí! en ese pequeño porcentaje de suelo nacional que es un reservorio mundial de agua pura y de frío.

 

El pretendido calado a 44 pies en el río Paraná para una «hidrovia» va a generar como primer impacto, entre otras cosas, un socavón tan profundo que para llenarlo el río se retirara de lugares en los que ya no lo tienen suficientemente desde hace años, como los humedales y arroyos. Con todo el desastre ecosistémico que eso acarrea de impacto directo en nuestras vidas cotidiana.

 

En sólo estos tres ejemplos, de tantos que hay, puede verse el protagonismo del agua, lo cual se vincula desde lo local a profundizar el problema global señalado del «calentamiento global», en una retroalimentación que escala exponencialmente. Si bien es una política nacional que data de hace más de 30 años, la profundización a estos extremos no se había visto hasta hoy. Pero se fueron corriendo los límites gestión tras gestión, plafón que permitió que hoy no se reconozca ninguno.

 

2- ¿Qué se encuentra en proceso, está germinando y hay que ayudar a que crezca?

Se encuentra en proceso el inicio de la «socialización ambiental». Empieza a no ser ya sólo una bandera del “sector ambiental” el tema. La mayor parte de la sociedad lo siente como un tema «propio», al menos para el aliento o el aplauso, pero ya no hay que convencerlos de mucho. Y creo que comenzó cuando los problemas que advertimos hace años desde el ambientalismo empezaron a pasarle, obviamente, a todos los humanos sin distinción. Que falte el agua, que se dificulte respirar por la densidad del aire, el calor extremo e imposibilidad enfriarnos por efecto del «bulbo húmedo», que las lluvias, las sequías y las crecientes sean cada vez más agresivas afectan a cada humano, sin distinción alguna ni forma de combatirlo o escapar inmediatamente. Eso ha hecho que muchos que no pertenecían a movimientos ambientales no hayamos sumado y se sumen al menos a la preocupación, a la contribución en su conducta personal y hasta la lucha por el ambiente desde su propio lugar. Difuminando las delimitaciones entre movimientos ambientales y la sociedad toda se va perdiendo el hablar con ajenidad de «los ambientalistas», por el cachetazo de esa cruda realidad. Eso es bueno; muy bueno, y es una lucha menos porque comienzan a ganarse los debates desde el inicio y hace que a aquellos que promueven agresiones ambientales les cueste cada vez más conseguir adeptos. Lo que hasta hace poco era a la inversa, cuando a los movimientos ambientales les costaba la receptividad social al explicar los problemas. Vale decir que, en ese escenario, quién pretenda erguirse en «la voz» y representatividad de esas luchas, se condena al rechazo social.

 

Este inicio de un proceso de «socialización ambiental», que va horizontalizando la lucha e internalizando el problema en la conciencia individual, empieza a derramar al punto de filtrarse de a poco a las instituciones públicas conforme empiezan a rotar los nombres de quienes las gestionan, trasladándose en sus voces, posiciones y algunas medidas a favor del ambiente, al Estado en sí mismo. ¿Es poco? ¿Sí!, pero antes directamente no se veía, o era un hecho muy aislado, menor, excepcional y hasta simbólico. Los Estados eran siempre parte de cualquier problema o estaban enfrente del reclamo ambiental, con protagonistas de formación ramplona que ninguneaban los problemas. Eso cambio sensiblemente. Ahí en lo público creo que hay una semilla que está germinando y debería terminar de brotar. Lo que deviene en gestiones y Estados más comprometidos –el Nacional propio con esta gestión creo es imposible a diferencia de otros países–, aparecen en ocasiones encarado luchas ambientales frente a determinadas agresiones, previniendo posibles peligros de daños y hasta plasmando algunos intentos de restauraciones. Eso sí, cuando lo hace, se lo ve desorientado, errante, contradictorio, sesgado, por lo que para que ese brote crezca hay que remover obstáculos como esos, entre muchos más. La desorientación deviene de no hacer foco sobre lo ambiental como un problema integral, por eso las medidas proambientales son aisladas y de bajísimo rigor técnico, funcionando más como parches que como herramientas indispensable para contribuir a un proyecto general socioambiental que nos rescate del problema. Al no tener una mirada de fondo e integral sobre la materia, no existe como  política de Estado la «perspectiva ambiental», que atraviese toda la gestión, volviéndose entonces los Estado errantes al transitar lo ambiental, impredecibles, lo que propicia que sean siempre contradictorios. Entonces el mismo Estado que te fumiga, como siempre pero más de cerca, es el que también gestiona ante Uruguay la reubicación de una destilería para no contaminar el río y amplia las Áreas Naturales Protegidas. O el mismo Estado que cementa y engoma todo lo que ve color verde, lanza un plan de reforestación. El sesgo en la participación ciudadana para las acciones proambientales que se encaran también es un problema a remover: se convoca básicamente a los que se cree que son «los propios», los que irán en sintonía o no harán mucho pataleo, lo cual en casi todas las situaciones es una creencia errónea porque el activista ambiental es primero militante de esa bandera antes que de cualquier otra. Aunque también es cierto que en algunas luchas se ha padecido a sectores que invitaban a «gritar en voz baja» –como suelo decir–, para no perjudicar amigos, partidos y demás afinidades, pero son una anécdota como ellos mismos. También hay un sesgo de oportunidad e irrelevancia. Muchas veces, incluso a los propios, los convocan ad referéndum, es decir, luego de adoptarse las medidas, solo para que acompañen y legitimen. O simplemente no hacen una escucha activa, vinculante y participativa, sino que solo «dejan hablar» (que no es lo mismo que escuchar), relegando la opinión a la irrelevancia para los mismos fines.

 

Son algunos de los problemas a desterrar para ayudar a que aquel brote crezca un poco, soñando con que quizás un día sean los propios Estados los que, con amplitud, encaren las luchas ambientales y nos dispensen a todos de tanto doloroso desgaste dejado en ello.

3- ¿Cuáles son los desafíos inmediatos que deberíamos encarar de forma comunitaria?

Entre los diversos desafíos inmediatos a encarar como comunidad, como prioritario, tenemos la defensa irrestricta de los bienes ambientales más sagrados para la vida hoy amenazados, en crisis y puestos en el mercado como una mercancía. Aquellos que lo hacen en post de un falso desarrollo económico –como si acaso fuera el único–, donde las intervenciones que se toman no tienen retorno. No se pueden volver a congelar los glaciares –aunque la ciencia por fin logre mermar el efecto invernadero–; los árboles añosos no se recuperan a tiempo vital contemporáneo después de talados; la vida que se pierde quitando agua de ecosistemas enteros no se recupera –ni en mismas especies que ya no se verán–; los territorios sensibles transferidos a privados, con ropaje legal y aval institucional, son de muy difícil recuperación.

 

Esta defensa es por la vida misma; vida que portamos todos y no habrá lugar donde ir a salvarla si esto colapsa. Mientras la sociedad se moviliza atenta, será tarea de los sectores con mayor conciencia el tener la capacidad, la paciencia y el conocimiento técnico para llenar de contenido esa marcha. Pero también para convencer a quien aún no lo esté, incluidos los agresores ambientales. Porque si logramos que vean, entiendan que ni ellos mismo ni sus afectos se van a salvar, tendremos una luz más de esperanza en esta enorme batalla.

 

En el peor de los escenarios el planeta seguramente se re adaptará y seguirá sin nosotros, como lo ha hecho en otras eras con otras especies extintas. La diferencia es que estas no provocaron su propia extinción ni pudieron evitarla. Que «la era del humano» no pase, depende solo de nosotros; mientras estemos a tiempo”.

 

De la Redacción de ERA Verde