El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) confirmó la presencia de caracol gigante africano (Lissachatina fulica) en un domicilio del barrio Ciudadela en la zona Sur de la ciudad de San Miguel, capital de la provincia de Tucumán. El diagnóstico fue realizado por el laboratorio oficial tras analizar una muestra tomada en un domicilio particular. Se trata de una plaga exótica invasora, que desplaza y coloniza el hábitat de moluscos nativos. También puede ocasionar impacto sobre la agricultura y transmitir parásitos perjudiciales para la salud humana y de mascotas o fauna silvestre a través de su baba.

 

La confirmación de caracol gigante africano fue realizada por el laboratorio oficial del Senasa, luego de analizar una muestra recolectada tras la notificación recibida oportunamente por la Fundación Miguel Lillo. Desde el organismo sanitario se indió que continuará trabajando de manera articulada con la provincia de Tucumán para fortalecer las acciones para el manejo y prevención de esta plaga.

IMPACTOS

 

El caracol gigante africano (Achatina fulica), originario del este de África, ha logrado conquistar América, Asia, Oceanía y Europa de la mano del hombre, quien facilitó su rápida dispersión, fundamentalmente para su cría como alimento, pero también a través del traslado involuntario adherido a vehículos y a cajones usados en cosechas, a su uso como carnada, al comercio de plantas en macetas –donde se encuentran los huevos–, y a su tráfico como mascota. En Argentina, el caracol gigante africano fue registrado por primera vez en el año 2010 en la localidad de Puerto Iguazú, Misiones. Tres años más tarde fue detectado en la ciudad de Corrientes, siendo éstos los únicos dos focos reconocidos hasta el momento.

 

Esta especie exótica invasora, desplaza y coloniza el hábitat de moluscos nativos, que deben ser preservados para mantener la biodiversidad y la sostenibilidad del ecosistema.

 

Además del impacto que puede ocasionar sobre la agricultura y la fauna de caracoles nativos, también puede transmitir parásitos perjudiciales para la salud humana y la de otros animales (mascotas o fauna silvestre). Los parásitos están presentes en la baba del caracol y pueden contaminar así frutas y verduras, que en el caso de no ser lavadas correctamente, pueden causar enfermedades a las personas.

 

CUIDADOS

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El organismo sanitario nacional recomienda a la población:

 

No tocar los caracoles.

 

Evitar el contacto con la baba del caracol Lissachatina fulica, especialmente con ojos, nariz y boca.

 

Lavar con abundante agua potable las verduras que se consumen.

 

En caso de tocar un caracol, lavarse inmediatamente las manos con abundante agua y jabón desinfectante.

 

También hacerlo luego de tocar superficies que puedan haber estado en contacto con la baba del caracol.

 

No comer caracoles.

 

No utilizarlos como carnada, mascota o adorno.

 

No utilizar venenos, ya que pueden afectar a personas, mascotas o fauna nativa.

 

Eliminar del jardín restos de madera, materiales de construcción u otros elementos que puedan servir como refugio.

 

En caso de ser necesario, utilizar guantes descartables para recolectarlos, eliminarlos mediante aplastamiento o sal común (cubriéndolos completamente) y luego enterrarlos.

 

No permitir que niños participen en estas tareas.

 

No trasladar caracoles a otras zonas.

 

Tener precaución al mover plantas u objetos donde puedan alojarse caracoles o sus huevos.

 

Notificar la detección de la plaga en el Sistema Nacional de Vigilancia y Monitoreo de plagas (Sinavimo)

 

De la Redacción de ERA Verde