Walter Pengue es uno de los pioneros en aportar desde el campo científico a la divulgación de la agroecología en Argentina. Agrónomo, docente, investigador e incansable militante del rescate de formas de producir de forma sustentable, en lo social y en lo ambiental, renueva su prédica. En contexto de pandemia, dice, el foco debería estar en “leer cuáles son los movimientos y organizaciones sociales puedan promover una práctica agroecológica”. Y en diálogo con ERA Verde, afirma: “La agroecología es la agricultura del futuro si apuntamos fuertemente a la soberanía alimentaria”.

 

Desde hace unos 20 años, quizás un poco más, cuando la agroecología era un concepto o definición naciente, Walter Pengue viene trabajando en dar a conocer de qué se trata esto de integrar procesos productivos sustentables con soberanía alimentaria. Desde aquellos tiempos a esta parte la agroecología ha ganado en prácticas, estudios y volumen frente a una forma de “producción industrial” que está definitivamente “resquebrajada”, define el agrónomo en una charla con ERA Verde. Es un horizonte esperanzador si se piensa en esta forma de producir como una propuesta para enfrenar el hambre y la pobreza, sobre todo en países periféricos. Pero también se presentan algunas sombras, advierte Pengue, ya que hay intentos de cooptar la idea por las multinacionales de alimentos. Es así que en un escenario global dominado por la peste de Covid-19, la articulación desde el Estado y las organizaciones de la sociedad civil se vuelve fundamental para fortalecer vínculos que permitan afirmar la agroecología un camino alternativo.

 

–¿Qué ha cambiado en estos últimos 15 o 20 años en este proceso de conocer e incorporar la agroecología?

–En estas percepciones que podemos ver a lo largo del tiempo, en esto procesos han ido evolucionando en la región y América Latina, algo que para mí es algo relevante que es el cambio ambiental global. En 2004 yo justamente visité Paraná para una reunión con los compañeros del Foro Ecologista y ahí comenzamos a hablar de la agroecología, los impactos de la agricultura industrial, y cómo este modelo de alguna manera ya mostraba varios y variados resquebrajamientos que en alguna forma iban desde los impactos ambientales a los sociales y de hecho algunos impactos económicos que comenzaban a verse. Todo esto lo identificábamos con externalidades y que no solamente quedaba en el sector rural ya que de alguna manera impactaba sobre el sistema de producción de alimentos. La pregunta es si yo estaba viendo algunas transformaciones en el sistema agro alimentario como tal, y si estas transformaciones habían devenido en algunos cambios a escala local y regional y hasta mundial, la realidad es ver después de prácticamente 15 años o mucho más, porque podemos decir que veníamos discutiendo, argumentado, casi predicando de agroecología, desde hace 20 y 30 años atrás. Y la respuesta es que por su puesto que el proceso ha crecido exponencialmente, de gente que hablaba de la agricultura casi exclusivamente vinculada a producir alimentos sin venenos para un segmento de elite como lo es la agricultura orgánica, a un conjunto de gente variopinta que demanda de uno y otro, donde la agroecología se para no sólo como una crítica al sistema productivo como tal sino que va más en profundidad y lucha por una discusión justa de acceso a la tierra, a los bienes naturales, al agua, ha pasado mucho y por suerte y por desgracia para la agricultura industrial, mucha de las cosas que se venían escondiendo bajo la alfombra ahora ya es imposible de soslayar.

 

-¿La “agricultura industrial” también ha cambiado frente a estas alternativas?

–Es más que claro que la agricultura industrial está en un proceso de resquebrajamiento y búsqueda de aggironamiento y cooptación de algunos términos de la agroecología. Y por otro lado es súper relevante que la propia sociedad; no los gobierno, no los políticos, no los científicos, no algunas grupos de intereses particulares, sino que la propia sociedad comienza a demandar por productos más buenos, más sanos, nutritivos y baratos también. Y en ese este sentido la agroecología como disciplina científica ha dado aportes importantes porque da la garantía de que esto es posible y desde el punto de vista práctico valida lo que a nivel del territorio y a campo se está llegando a hacer. Y desde los movimientos sociales surge y comienza a responder fuerte e importante a estas visiones.

Pandemia

 

En un escenario donde la agroecología ya cuenta con un nombre propio, Pengue observa también sus avances en las políticas de estados municipales donde el trabajo con “grupos muy pro activos” permiten pensar en que se puedan ampliar sus fronteras. Es así que de la mano entre cooperativas y gobierno locales, se puede pensar en “promover formas distintas de producción con pequeños y medianos productores. Es un escenario más que interesante para replicar con lo que algunos autores llaman faros agroecológicos”, definió entre los pasos adelante que se toman “en términos más que importantes” donde la “agroecología encuentra un camino alternativo”.

 

La agroecología, pensada en esto términos también se propone como una “interface” que situada en los perímetros de los centros urbanos permite un “freno a los agrotoxicos” y a la vez se postula como la posibilidad de “reconversión de los pequeños productores en esa periferia”, donde pueden ganar todos en la producción de alimentos, en la diversificación y la ampliación del trabajo, enumera es docente. Porque en este razonamiento, se puede pensar “riqueza y diversidad con la mejora de la calidad ambiental con el embellecimiento de las periferias que hay entre el campo y las ciudades. Todo esto puede estar junto y coadyuvar a un proceso de cambio”, y donde en la conceptualización de lo “bueno, sano y soberano” es importante el “conocimiento científico desde la Universidad para incorporar estas prácticas para llevar a la investigación, docencia y prácticas profesionales”.

 

Estas alianza, de movimientos sociales y municipios, retoma el especialista en genética vegetal, se vuelve más relevante desde el análisis “desde el punto de vista global, y viendo este escenario de cambio ambiental global, con el Covid como variable importante como parte de una pandemia derivada de los efectos de transformación sobre lo que nosotros venimos haciendo sobre el planeta”, apuntó.

 

–¿Qué se modifica en el escenario global de la producción de alimentos la pandemia de Covid-19?

–El Covid-19 está generando un grado de conflictividad adicional. Si nosotros generamos un cambio de uso del suelo importante, vamos a genera una presión muy fuerte sobre la naturaleza, sobre el ambiente. Este cambio de uso de suelo genera a su vez dos cosas. Un efecto en el cual de alguna manera las otras especies buscan alternativas donde reproducir sus lógicas de reproducción o perpetuación en el caos de los virus, y por el otro la especie humana está buscando a veces racional a veces irracionalmente, un aumento del consumo, de lo que podemos decir consumismo como especie .

En este escenario debiéramos tener una lectura sobre cuáles son los movimientos y organizaciones sociales puedan promover una práctica agroecológica sustentable. Estas son las bases y la demanda educada y no engañada. Esto es clave porque hoy una de las preocupaciones que tenemos es el tema de la coaptación de las grandes empresas que tratan de tomar el término y convertirlo para sus necesidades e intereses; hay una cooptación y adaptación del término desde la FAO y otros intereses. Hay una captura del término porque resulta un buen negocio decir que el producto es agroecológico porque es como más que orgánico, porque la gente lo identifica como un producto natural. Y de los productores que a veces no lo son que a veces usan algunas prácticas de la agroecología pero que no usan el paquete completo y que así no se pueden llamar. Serán sin agroquímicos, o sin algunos agroquímicos o sanos, pero para evitar confundir la agroecología tiene estas tres patas: ciencia, acción y movimiento. Y las tres tienen que darse entretejidas y a la par. Porque yo no puedo hacer agroecología en la maceta de mi casa solamente si soy agricultor y necesito tierra para producir o agua y la tengo retenida o no me permiten el acceso o me la cobra, y menos si no tengo las semillas para producir y tengo que comprar a una multinacional y tengo que pagar las patentes vinculadas por ello.

Es importante a tener en cuenta pensar en procesos totalmente distintos en el cual de alguna manera se pueda promover este tipo de práctica que nos ayude a escapar de este proceso de cooptación tan fuerte que tenemos.

 

-¿Qué futuro tiene la agroecología hoy?

–La agroecología es la agricultura del futuro si apuntamos fuertemente a la soberanía alimentaria. Si los países apuntan a la producción de biomasas para los mercados internacionales y puede ir a la agroindustria, los biomateriales, eso es otra cosa. Pero si pretendemos que se cumpla cuestiones que se relacionan con hechos de vinculación producción de alimentos contra la producción de biomasa, es más que claro que tenemos que pensar un modelo distinto, donde la agroecología entre otros, puede convertirse en alternativa válida y posible para resolver estos problemas de la humanidad. Esto sabiendo claramente el Covid no viene fácil para países en vías de desarrollo, sino que la situación vinculada con la pobreza y el hambre comienza a ser más dramática. Entonces se hace necesario convocar a los que saben, y los que saben son los agricultores, los campesinos, las cocineras de los comedores y los ingenieros agrónomos que buscan caminos en la agroecología. A un conjunto de personas trabajando proactivamente por las soluciones de los problemas nos pueda alejar de la pobreza y del hambre. Pensar en comer mejor y para todos. Comida buena, barata y nutritiva, de un sistema agrícola que está cambiando a otro quebrado, cambiándolo por uno que es el futuro.

 

 

De la Redacción de ERA Verde