Por María Luz Omar Zboron (*) Carta en el día de la Memoria de Detenidxs y Desaparecidxs durante la Última Dictadura Militar (1976-1983). Sembremos memoria, sembremos una vida justa.

 

Corría el 2004, cuando tenía casi quince años y recuerdo que se iniciaron las políticas de memoria en las escuelas. Fuimos a una presentación pública de un libro al que sigo volviendo con poemas de jóvenes desaparecidxs.

 

Iba a una escuela católica donde el profesor de historia tuvo que escribir otras cosas en el pizarrón para encubrir que nos hablaba de la Última Dictadura Militar.

Encontramos en cajas con papeles abandonados de la biblioteca de dicha escuela los planes educativos y las estrategias de detección de “subversivos”, documentos oficiales del estado terrorista de ese momento.

 

A partir de ahí las preguntas en casa, la lectura de un libro sobre la vida de E. Che Guevara y del Nunca Más, pesadillas mediante, como pasa a la mayoría. Antes no sabía nada de esto, fue una amiga quien me desburró y politizó. Desde entonces iba a la Plaza Urquiza a escuchar los discursos de alguna que otra abuela o madre, de algún que otro hijo, hija.

 

Fue la voluntad política de un presidente enorme y conmovedor, me refiero a N. Kirchner, que escuchó a los organismos de DD.HH., lo que permitió que sepa qué le pasó a les jóvenes de los 60 y los 70 como en aquel entonces fueron mis padres. Mamá me contó cómo pasó noches en vela, por haber recibido amenazas escritas y telefónicas de la Triple A. Mamá, en aquel entonces madre, trabajadora del negocio familiar y estudiante del secundario en la Escuela de Artes Visuales. Mi papá que había sido estudiante de abogacía en Santa Fe al parecer tenía amistades “peligrosas” y también una hermana registrada en organizaciones políticas. Nadie fue asesinado. Amedrentamientos, amenazas, muerte de ciertos proyectos vitales y cambios de ritmo por la fuerza que impuso el estado que ya había atravesado la nefasta Dictadura de Onganía y los últimos años del gobierno de Isabel Perón.

 

Agradezco siempre las palabras que pude leer en aquel librito de poemas y las canciones que cantábamos con mis amigas, de Sui Generis, Serú, Silvio Rodríguez: “te doy una canción, como un disparo, como un libro, una palabra, una guerrilla, como doy el amor” ¿Aparecería alguien a quien yo amara así? ¿por qué se amaba de esa forma? Nuestras charlas adolescentes sobre el terrorismo de estado y la resistencia armada. Leer la carta de María Elena Walsh y entender sus argumentos. Habitar preguntas, contradicciones, miedos, pasiones.

 

Soy hija de los noventa, de una ciudad de provincia y de una escuela católica privada, territorios institucionales, físicos y temporales donde durante mi infancia prevalecieron políticas de olvido. Y tanta teoría, tanta lectura, y el cuerpo ahí sin saber cómo o qué hacer.

Escribo porque antes de ayer me atraparon fuerzas policiales en una manifestación pacífica en defensa de árboles que representan otra forma de hacer vida en común, con otras personas, con otras especies. A compañeras, compañeros, conciudadanes, vecinos, les pegaron, los arrojaron al piso, los separaron de los troncos trabajadores de la UOCRA con vistas a imponer un proyecto impuesto por el ejecutivo municipal sin consulta ciudadana. Las fuerzas policiales dicen que mediaron. Las fuerzas policiales no frenaron a quienes nos pegaban. Las fuerzas policiales lo llevaron a Francisco B. y a mí, y nos dijeron que nos calmáramos. Al resto de las personas que estaban ahí les dijeron que se calmaran, como si nos tocara calmarnos cuando una patota viene a pegarnos, enciende motosierras, mata 2 de los 156 árboles que tienen planificado talar, arroja ramas sobre nosotres y nos amenazan.

 

¿Vieron cómo las mujeres indias del movimiento Chipko se ataban a los árboles en los años ’70 ante el avance de la deforestación para la extensión de la agricultura extensiva?

Defendemos nuestra intención de crear un buen vivir en la ciudad de Paraná. Cuidamos nuestra salud y nuestro ambiente. Hacemos alimentos saludables. Somos parte de la economía social local. Buscamos nuevas formas de educación. Cuidamos nuestros arroyos. Procuramos continúe la ampliación de derechos humanos.

 

Queremos una vida justa para todos los barrios, queremos acceso al agua potable, a un techo y una vida digna. Instamos a la consulta y al diálogo ciudadano.

 

Tuve miedo cuando en el móvil de la policía me apretaron las esposas, me amenazaron para evitar que tomara el teléfono, no me decían quiénes eran y a dónde me llevaban. Dejé de tenerlo cuando supe y recordé que un montón de personas queridas nos acompañan, nos sostienen y nos anteceden con victorias pasadas, a través de la lucha pacífica, ante el extractivismo reinante: el detenimiento (legal) de las fumigaciones sobre escuelas rurales, el freno del Proyecto Hidroeléctrico Paraná Medio, y el impedimento del desarrollo de un proyecto termal, con terribles consecuencias ambientales.

 

Basta de violencia de género, basta de violencia ambiental, basta de violencia institucional.

Por el buen vivir, por los pueblos originarios que nos preceden y por la igualdad social: sembremos memoria, sembremos una vida justa.

 

Gracias Abuelas y Madres de Plaza de Mayo por enseñarnos el camino.

 

 

(*) María Luz Omar Zboron, junto a Francisco Barbosa fueron detenidos por la Policía en la mañana del 22 de marzo de 2021 en los acotamientos de calle Racedo de Paraná, cuando un grupo de ciudadanos autoconvocados se presentó en el lugar para resistir el inicio de obra de ensanche en esa arteria.