Un estudio publicado recientemente en la revista especializada Ecotoxicology and enviromental safety asocia el consumo carne de animales silvestres cazados con mayores concentraciones de plomo en sangre en un sector de niños y niñas. La investigación se llevó adelante en el departamento San Javier, provincia de Santa Fe, donde la mitad de los menores analizados superó el valor de referencia. El trabajo conocido por ERA Verde advirtió que la población monitoreada es de la más necesitadas en términos económicos –por lo cual su acceso a proteínas es de animales silvestres– y se planteó como desafío poder generar estrategias desde el Estado para la prevención de los daños a la salud que contemplen la vulnerabilidad económica de las familias que recurren a la caza como fuente de alimento.

 

El consumo de carne de animales silvestres aparece asociado a mayores niveles de plomo en sangre entre niños de una comunidad rural del norte santafesino. Esa es la principal conclusión de una investigación publicada en Ecotoxicology and Environmental Safety, que analizó los hábitos de consumo de productos de la cacería y los niveles de este metal en sangre en niños del departamento San Javier.

 

Los autores de documento son Andrea Caselli, Valentina Fernández, Ayelén Muchiutti, Ralph ET Vanstreels, Martín Santiago y Marcela Uhart, pertenecientes a las Universidades del Centro de la Provincia de Buenos Aires (Argentina) y de California (EE.UU.), reveló que niños que habían consumido recientemente carne de animales provenientes de la caza presentan niveles de plomo en sangre por encima de los valores considerados seguros y mucho más altos que aquellos que no la habían consumido. El plomo proviene de perdigones de escopeta utilizados para cazar.

 

Si bien el estudio apunta que todos los niveles elevados de plomo no se deben exclusivamente a la caza con perdigones, identificó una asociación significativa entre el consumo de carne de caza y una mayor concentración de plomo en sangre, en una población donde la utilización de munición con plomo es habitual. Para los investigadores, esto convierte al consumo de carne de animales silvestres en una vía de exposición al plomo que merece especial atención, particularmente entre los niños y niñas.

 

Según el relevamiento, los mayores riesgos estuvieron asociados al consumo de patos y carpinchos. Además, indican que retirar los perdigones o la carne dañada antes de cocinar no reduce el riesgo ya que la munición se fragmenta en partículas diminutas imposibles de detectar a simple vista que se dispersan y contaminan la carne. Los resultados de la investigación implican no solo una grave preocupación para la salud pública sino también para el ambiente puesto que muchas especies silvestres bioacumulan plomo al ingerir los perdigones o al estar expuestos al ambiente contaminado por este.

 

DATOS

 

La investigación incluyó encuestas realizadas a adultos responsables de 276 niños pertenecientes a 182 hogares. El 82% de los niños había consumido carne de animales silvestres durante los tres meses anteriores al relevamiento.

 

Entre las especies más consumidas se encontraron el pato, mencionado en el 77% de los casos; el carpincho, en el 51%; y la nutria, en el 46%. También se registró el consumo de armadillo, yacaré, liebre y vizcacha, entre otras especies.

 

En una segunda etapa se tomaron muestras de sangre a 101 niños. El 51,5% presentó concentraciones superiores a 3,5 microgramos de plomo por decilitro de sangre (μg/dL), valor de referencia utilizado en el estudio.

 

La diferencia entre los grupos fue significativa. Los niños que habían consumido carne de caza durante los tres meses previos presentaron una concentración media de 4,65 μg/dL, mientras que entre quienes no habían consumido ese tipo de carne la media fue de 0,62 μg/dL. El valor máximo registrado entre los consumidores llegó a 27,6 μg/dL.

 

Los investigadores señalan que esos resultados respaldan la hipótesis de que la carne de animales cazados con munición de plomo constituye una vía importante de exposición en esta población. En el relevamiento, el 65% de los casos informó que se buscaban y retiraban los proyectiles antes de consumir la carne, mientras que en el 58% se eliminaban las partes visiblemente dañadas por el impacto. Sin embargo, esas medidas no parecen suficientes para impedir completamente la exposición.

 

TRASFONDO ECONÓMICO

El estudio introduce un elemento que resulta central para pensar las posibles soluciones: la carne de caza no representa simplemente una elección alimentaria para las familias estudiadas.

 

En comunidades rurales con condiciones económicas vulnerables, la caza puede constituir una fuente de proteínas y una estrategia para afrontar dificultades de acceso a los alimentos. El propio trabajo registra que el consumo de carne de caza alcanzó su mayor nivel en 2020, cuando llegó al 95% de los hogares relevados.

 

Este aspecto resulta particularmente relevante porque desplaza el foco de una eventual recomendación de “dejar de consumir carne de caza”. Para los autores, las medidas de prevención deberían contemplar las condiciones sociales y económicas de las comunidades y reducir el riesgo sin desconocer la importancia que puede tener esta fuente de alimento.

 

Frente a los resultados, los investigadores plantean como una de las principales estrategias de prevención promover el reemplazo de la munición de plomo por alternativas que no contengan este metal.

 

La recomendación está acompañada por la necesidad de desarrollar acciones de educación y comunicación sobre los riesgos del plomo, dirigidas específicamente a las comunidades que consumen carne de animales silvestres.

 

El cambio de munición permitiría actuar sobre el problema en el origen: en lugar de depender exclusivamente de que las familias puedan identificar y retirar los fragmentos contaminantes después de la caza, se busca evitar que el plomo ingrese a la cadena alimentaria.

 

SALUD PÚBLICA

 

La cuestión con el plomo se plantea porque constituye un contaminante de especial preocupación durante la infancia por sus efectos sobre el sistema nervioso y el desarrollo. En ese contexto, los resultados obtenidos en San Javier plantean una cuestión que excede el ámbito de la caza: cómo prevenir la exposición a contaminantes en poblaciones que dependen de determinados recursos naturales para su alimentación.

 

Por eso, la investigación propone abordar el problema desde una perspectiva de salud pública, seguridad alimentaria y conservación, combinando información sobre los riesgos del plomo con medidas concretas para reducir la exposición.

 

“A corto plazo, se necesitan urgentemente estrategias de salud pública específicas para mitigar los riesgos de exposición al plomo. Estas medidas deben incluir la capacitación de los cuidadores sobre prácticas más seguras de manipulación de la carne, como retirar la carne de las zonas cercanas a las trayectorias de impacto de proyectiles, aumentar la concienciación sobre los primeros signos de intoxicación por plomo y promover alternativas dietéticas cuando sea posible”, señalan en las conclusiones del trabajo conocido por ERA Verde.

 

En definitiva, el estudio no plantea simplemente una advertencia sobre el consumo de carne de animales silvestres. Su principal aporte es identificar una vía específica de exposición al plomo en una población infantil y, al mismo tiempo, mostrar que la prevención debe tener en cuenta las condiciones en las que viven esas familias.

 

De la Redacción de ERA Verde