En un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) en Santa Fe y Chaco, se evaluó el impacto en dos especies de anfibios a la exposición a agrotóxicos en campos de arroz. La investigación detectó alteraciones en los órganos reproductores y el detoxificante de ranas y sapos. Estas especies de animales son consideradas “centinelas” ya que en ellas pueden revelarse riesgos para los seres humanos, dijo Rafael Lajmanovich, integrante del equipo que llevó adelante el trabajo.

 

Un equipo de investigadores del Laboratorio de Ecotoxicología de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas (FBCB) de la UNL, publicó recientemente un trabajo sobre la evaluación de los efectos de la exposición crónica a agroquímicos en dos especies de anfibios que habitan en campos arroceros de las provincias de Santa Fe y Chaco. Y en este trabajo comprobaron el impacto de los agrotóxicos en el sistema reproductor y el hígado de ranas y sapos, lo cual da indicios de lo que podría ocurrir en otros animales e, incluso, en el ser humano.

 

El estudio que se publicó en la revista científica Water Air & Soil Pollution fue realizado por científicos y científicas la Universidad del Litoral (FBCB-UNL) y la Universidad Nacional del Nordeste.

 

Los científicos evaluaron los efectos de la exposición crónica a agroquímicos en dos especies de anfibios que habitan en arroceras de las provincias de Santa Fe y Chaco, pero el resultado de sus alcances pueden hacerse extensivos a las otras provincias que llevan adelante este cultivo. “El cultivo de arroz en Argentina, en el 99% siguen el modelo productivo intensivo y usan paquetes tecnológicos muy parecidos. Y estas dos provincias que estudiamos son de las mayores productoras de arroz de la Argentina. Entonces estos resultados son de alguna manera comparable con lo que puede estar ocurriendo en Corrientes y en Entre Ríos que son las otras dos provincias productoras de arroz”, dijo a ERA Verde Rafael Lajmanovich, quien participó en el equipo junto a Lucia Curi –autora de proyecto–, Paola Peltzer y Maximiliano Attademo.

 

Para la investigación se eligió en cada provincia un campo arrocero y ambiente natural sin contaminantes donde se colectaron ejemplares machos adultos de dos especies de ranas y sapos. Los científicos estudiaron dos órganos especialmente sensibles a la exposición con agroquímicos: las gónadas (glándula genital, masculina o femenina) y el hígado.

 

En Santa Fe seleccionaron una especie de rana (Lysapsus limellum) que cumple todo su ciclo vital, desde la fase de renacuajo hasta adulto, en ambientes acuáticos como los que se generan en las arroceras. En tanto, en los campos de Chaco recolectaron ejemplares de un sapo (Rhinella bergi) que inicia su etapa larval en el agua pero que luego, ya en su etapa adulta, se traslada a la tierra.

 

En ambos casos, se trata de animales altamente susceptibles que habitan en dichos cultivos y que, por ese motivo, se encuentran crónicamente expuestos a sustancias como bentazon, molinato, propanil, clomazone, 2,4-D y al herbicida más conocido y estudiado en el territorio, el glifosato, entre otros químicos.

Alerta

 

Las dos especies presentaron anomalías por exposición a los agroquímicos: la especie presente en los arrozales de Santa Fe mostró alteraciones más visibles en los testículos. Ambas especies también mostraron alteraciones en el hígado, pero estas fueron más pronunciadas en los ejemplares nativos de las arroceras de Chaco.

 

En diálogo con la agencia Télam Lajmanovich explicó que “los anfibios son considerados ‘especies centinelas’ (bioindicadores), son especies que tienen la piel muy sensible y muy permeable, lo que quiere decir que los tóxicos penetran muy fácilmente en ellos”. Una especie centinela es aquella que es capaz de acumular contaminantes en sus tejidos y ser utilizada para detectar riesgos para los seres humanos y anticipar un peligro.

 

“Otros estudios indican que el desarrollo hormonal, sobre todo de las tiroides de los anfibios, tiene muchas similitudes con las hormonas del hombres”, agregó.

 

Aunque se realizaron paralelismo entre los anfibios y el ser humano, Lajmanovich explicó que “la exposición a los agrotóxicos es totalmente distinta, pero las alteraciones que se producen son comparables, esto está demostrado. En la actualidad se discute la distancia a la que se debe estar para que la exposición de agroquímicos no haga daño y no el modelo productivo; ya nadie pone en duda de que se están usando sustancias tóxicas”, señaló el especialista.

 

Desde el punto de vista de la fauna “es un estado de alarma” y “si lo queremos trasladar a la población humana, sería un incremento del riesgo. Los anfibios brindan servicios ecológicos, cumplen funciones muy importantes en los ecosistemas porque son controladores biológicos de plagas”, precisó y agregó: “Los pesticidas matan a los anfibios e indirectamente generan que haya más insectos”.

 

Lajmanovich destacó a ERA Verde: “Desde hace más de 20 años venimos trabajando con el grupo del Laboratorio de Ecotoxicología sobre el impacto de los agroecosistemas sobre la fauna silvestre. Nosotros hacemos evaluaciones general que van más allá de los estudios experimentales. Hacemos estudios a campo como este, que es la continuidad de muchos estudios más que hemos hecho a lo largo de los años de trabajos. Lo que sí tiene relevancia es porque no siempre son fáciles hacer estos estudios a campo, en distintas provincias, en forma simultánea. Lleva mucho esfuerzo y nosotros contamos generalmente no contamos con movilidad oficial, lo hacemos con movilidad propia, entonces es el doble de esfuerzo. Este es un trabajo doctoral de su autora, Lucila Curi, de la Universidad del Nordeste, y ella ha realizado un enorme esfuerzo para realizar el trabajo en la localidad de San Javier –donde tenemos muchos trabajos publicados– y expandimos también el relevamiento también a Chaco”.

 

Detalles

 

En los agroecosistemas estudiados habitan muchos animales además de los anuros, como diversas especies de aves, culebras acuáticas, invertebrados, entre otras. Asimismo, en estas zonas, tal como ocurre en el Chaco, también puede darse la cría y producción de especies comerciales de peces como el pacú. En este escenario, el uso de ranas y sapos representan organismos biomarcadores de contaminación ambiental, brindando información de gran importancia para tomar medidas que protejan la salud y la biodiversidad, ya que el estado de estos anuros da indicios de lo que podría ocurrir en otros animales e, incluso, en el ser humano, se planteó desde el grupo investigador.

 

Es por esto que el valor de evaluar el estado de animales oriundos de estos entornos permite dar cuenta de forma más fehaciente cómo responden a la contaminación con varias sustancias de forma simultánea, en las dosis a las que verdaderamente se exponen y en condiciones climáticas naturales.

 

En cuanto a las especificidades del trabajo, se estudiaron dos órganos blanco especialmente sensibles a la exposición con agroquímicos: las gónadas (testículos) y el hígado. “Hay agroquímicos que tienen la capacidad de actuar como disruptores endócrinos, de manera que pueden alterar las vías de señalización que regulan la reproducción de estas especies. Es por eso que, a partir de cortes histológicos, decidimos observar qué ocurría en las gónadas de ejemplares adultos de ambas especies”, señaló Curi a la agencia CTyS.

 

Por otro lado, Curi agregó que el análisis del hígado también fue relevante porque ese órgano cumple el rol detoxificante en el organismo. De ahí que, si los ejemplares de las arroceras estuvieron crónicamente expuestos, el hígado podría verse más exigido que en ejemplares de ambientes no contaminados.

 

Las dos especies presentaron anomalías por exposición a los agroquímicos. No obstante, el estudio reveló algunas diferencias. “Principalmente la especie presente en los arrozales de Santa Fe, Lysapsus limellum, mostró alteraciones más visibles en los testículos. En los individuos de la arrocera, la espermatogénesis estaba más retrasada que en los del sitio control”, señaló Curi.

 

Ambas especies también mostraron alteraciones en el hígado, pero estas fueron más pronunciadas en los ejemplares de Rhinella bergi, nativos de las arroceras de Chaco. “Veíamos que ese órgano estaba alterado, tenía espacios sinusoides agrandados, células con vacuolas y, además, un número elevado de melanomacrófagos, células que usamos como biomarcador e indicio de exposición crónica”, precisó la científica.

 

A partir de estos resultados y, sobre todo, de las anomalías reportadas en los órganos reproductivos, el equipo sugirió realizar análisis más profundos para saber si las poblaciones de anfibios están sufriendo reducción en la fertilidad reducida u otros trastornos que afecten a las poblaciones.

 

“En el campo, para el cultivo de arroz se utilizan funguicidas, pesticidas e insecticidas, con lo que las distintas especies están expuestas a una mezcla de compuestos durante toda su vida. Esas son todas las realidades que uno puede ver en un trabajo de campo y que son difíciles de emular en el laboratorio. Este tipo de ensayos nos permite conocer de forma más realista lo que está ocurriendo”, afirmó la autora del trabajo que se publicó en la revista científica Water Air & Soil Pollution.

 

 

Con información de Télam y Agencia CTyS

De la Redacción de ERA Verde