Hace unos cuatro años escuchaba en Recife (Brasil) una presentación del colega Peruano, Henry Carhuatocto, sobre los ríos voladores que florecen desde la Amazonía y su impacto en el cono sur, novedosa investigación liderada por Antonio Nobre (1).

 

¿Que tendrá esto que ver con el nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro? Si se cumplen las promesas y compromisos asumidos públicamente en el proceso electoral, como frente a las corporaciones del agronegocio, los acuerdos seguramente delineados con los EEUU en cuanto al negacionismo del proceso antrópico de cambio climático en marcha, -firmado por la mayoría de los países, menos EEUU y parecería seguido por el gobierno que el 1 de enero asumió en Brasil, y que ahora inicia su ejecución- estamos con un serio problema, quizás de los más importantes, porque se trata en definitiva, de la disponibilidad de agua, el acceso milenario a la misma, y de una temática relacionada directamente con la gestión compartida no solo de cuencas, sino también de sus ríos y cuencas voladoras. Suena como casi delirante esta mirada y sin lugar a dudas así lo es, pues no está en el escenario político vigente y menos aún en el conocimiento quizás, de los tomadores de decisión, por lo menos en los gobiernos del Cono Sur.

 

Con las primeras medidas de gobierno de Brasil, Argentina acuerda una agenda de diálogos anunciada por los comunicadores del Presidente Macri, que nada tiene que ver con la gravedad del escenario a corto y mediano plazo para nuestro país y en particular la totalidad de las denominadas provincias agroexportadoras, como para con los centros de diversidad biológica más importantes del país.

 

Los ríos voladores vienen de la Amazonia (Brasilera, Boliviana, Peruana, Colombiana, también Venezolana, etc.) a regar nuestros campos y sus cuencas, es decir, todos nuestros ecosistemas. Brasil ocupa la porción más enorme de este sistema selvático único en el planeta.

 

En esta investigación brillante denominada El futuro climático de la Amazonía, Nobre explica el maravilloso fenómeno de los ríos, que luego se transforman en lluvias, que por los cielos y desde Amazonía conforman cauces inagotables y casi constantes hasta hace poco tiempo, que aún siguen regando por medio de las lluvias los territorios de Paraguay, norte y centro de Argentina, incluso aún mucho mas y Uruguay. En el trabajo se analizan las razones, los secretos, de cómo este fenómeno no sucede de igual manera en Atacama (Chile) África o Australia en las mismas latitudes, donde existen los mayores desiertos del planeta.

 

Si los sectores denominados de la producción agropecuaria viven confrontando con los movimientos ecologistas, asamblearios y ONGs, nuevamente se equivocan. Parecería que los únicos preocupados y ocupados por estos “asuntos” son cuatro actores: los pueblos originarios, las organizaciones ecologistas en todas sus variantes, algunos sectores del movimiento feminista como de la Academia, aún éstos últimos, minoritarios en su exposición y compromiso público.

 

Las decisiones de Bolsonaro sobre la demarcación de los territorios de los pueblos indígenas, la política agresiva de pampeanización-deforestación de la Amazonía en manos del Ministerio de Agroindustria, entre otras acciones de gobierno, presenta un escenario de impactos demoledores para Argentina, desde la visión que se lo vea: la productivista hoy vigente, la que expone la Ecología Política, o incluso la ecología profunda. Nada de lo reflexionado está en la Agenda del Presidente Mauricio Macri. Lo públicamente manifestado hasta ahora es de una sorprendente pobreza, quizás un indicador de la pobreza de análisis y visión Sudamericana, como de la “riqueza” de sus análisis de contextos y riesgos sobre la lógica que el macrismo cree que el mundo solo se mueve, las de las bolsas de comercio, los paraísos fiscales, los tratados de libre comercio y el Fondo Monetario Internacional. Esta brutal simplificación nos está llevando a otro lugar, dantesco e impredecible.

 

Macri debería convocar urgentemente al MERCOSUR a debatir sobre las políticas anunciadas por la ultraderecha en el poder del hasta ahora País hermano. Pero no lo puede hacer ni con su Secretario de Ambiente y menos de Agricultura. No saben, no les interesa. Quizás la mayor verdad, es que además como Estado Nación, no damos ejemplo alguno. Nuestros indicadores de deforestación son impresentables en el mundo diplomático. No existen dudas que el ex ministro de Agroindustria Luis Miguel Etchevehere disfruta los anuncios que consolidan o profundizan el modelo de los monocultivos liderados por la soja modificada genéticamente. De lo expuesto aquí, no se le cae una sola idea o mira para el lado que solo a él, sus negocios y representados de la sociedad rural les interesa. Y pensar que fue nuestro representante oficial frente a los debates de la convención de cambio climático. Ciencia ficción, hecha realidad también delirante, como la de Brasil.

 

Escupir para arriba decían los abuelos. No creo que exista un ejemplo tan patético y grave como éste. Un proceso de suicido colectivo en el Cono Sur y aún mas, con impactos irreversibles en el planeta.

 

Sería un esfuerzo sencillo, dentro de la diplomacia de la prevención y la precaución,  que la Jefatura de Gabinete cite a los especialistas Argentinos integrantes del Grupo Intergubernamental de expertos sobre el Cambio Climático (Intergovernmental Panel on Climate Change –IPCC–) para que los asesore sobre las consecuencias de tan aberrantes medidas ya en ejecución institucional. Y que también pueda reunirse con diplomáticos de la talla del Embajador Raúl Estrada Oyuela. Podrán advertir, colaborar, hacerse escuchar, para que la Agenda del Presidente sea una Agenda más importante, una Agenda Urgente, porque no se trata de un protocolo más de la diplomacia de la visita, ésta es la mayor deuda ecológica que se está construyendo, como mil bombas nucleares de la estupidez humana. De concretarse en la próxima década los anuncios de la ultraderecha brasileña, desencadenará un contexto con impactos geométricos ecológicos y sociales de una dimensión que quienes hoy nos gobiernan, no tienen idea, sus ojos están vendados, o simplemente son mandatarios no de sus pueblos, sino sirvientes de esta colonización ideológica que hoy lidera las antípodas de lo que ya no solo denuncian los militantes ecologistas, sino los órganos más profesionales y científicos de las Naciones Unidas y sus Institutos.

 

En definitiva, si Mauricio Macri sigue bailando en la fiesta de gala del Titanic, jugando al delirio de las dos estados unidos, será la Unión Sudamericana, la que terminará perdiendo no solo la esencia de un sueño frustrado liderado entre otros por Raúl Alfonsín, sino que además formaremos como País parte de los coautores, de la imposibilidad definitiva en la construcción de una transición democrática hacia la sustentabilidad de los territorios y pueblos en toda Sudamérica y mas. Nacerán entonces, como anticipa, advierte Ezio Manzini (2), las nuevas dictaduras del Siglo XXI. Que así no sea, y algún Cambiemos ponga el grito en el cielo de los ríos voladores y de la Agenda de este Presidente.

 

(1)  Nobre, Antonio Donato. El futuro climático de la Amazonía: informe de evaluación científica; traducción Isabela Figueroa, German Poveda, Yana Marull –São José dos Campos, SP: ARA: CCST-INPE: INPA, 2014.

Disponible online en: http://www.ccst.inpe.br/wp-content/uploads/2014/11/ The_Future_Climate_of_Amazonia_Report.pdf_

(2) Ecología y Democracia.  De la injusticia ecológica a la democracia ambiental. Ezio Manzini y Jordi Bigues. Ed. Mas Madera, 25 Ecología.

 

 

Jorge Oscar Daneri

Abogado