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Por Jorge Oscar Daneri (*) En estas horas el Presidente de la Nación Argentina está frente a la duda de avanzar en el dictado de un Decreto de Necesidad y Urgencia a favor de las corporaciones del agronegocio. La modificación a la Ley de Semillas que no pueden consensuar en el Congreso de la Nación, todo indica que sectores aliados o socios de estas corporaciones del agronegocio referentes relevantes del gobierno de Cambiemos, impulsan esta norma del Poder Ejecutivo vía una particular y delicada modalidad de excepción.

 

Es la norma jurídica casi final que tienen la necesidad de poseer para consolidar el modelo extractivista simplificador de las semillas modificadas genéticamente y agrandar sus enormes ganancias, con todo el paquete tecnológico agrotóxico que lo sostiene.

 

Desde la aprobación durante el menemismo de las semillas transgénicas, éstas corporaciones están presionando al Estado Nacional para fijar un marco legal que les otorgue a las semilleras (Bayer-Monsanto, Syngenta-Chemchina, entre otras) la posibilidad de liquidar el “derecho de uso propio” de los agricultores, y entonces exigir regalías a los productores, agricultores, campesinos, cada vez que se utilice una semilla sujeta a «derechos de obtentor» bajo titularidad jurídica de las Empresas.

 

¿La necesidad? No existe un escenario nacional crítico o una extrema necesidad del pueblo argentino en su conjunto. Menos es una necesidad de los pequeños productores, pueblos originarios, trabajadores agrarios, menos aún para la agroecología y la producción orgánica y un desastre para la agricultura familiar. Lo que existe es una total resistencia de las organizaciones sociales, ecologistas  y agrarias vinculados a los sectores mas vulnerables y desposeídos en la realidad de la diversidad de territorios productivos del país.

 

¿La urgencia? No se advierte razón mayoritaria alguna en términos institucionales y menos, para apropiarnos de una frase partidaria, fundamento » nacional y popular». Pero para los intereses concentrados en juego les resultaría mas fácil así, porque quizás con el gobierno que viene no lo pueden concretar, se sienten definitivamente derrotados electoralmente y entonces aparecen los monjes negros de siempre, los que lideran sobre el fin del mandato de la coalición en gobierno, el empujar la mala letra antes de la retirada, el negocio sucio, muy sucio, para muy pocos. Son como esos treinta y uno de diciembre donde se dictan los Decretos mas espantosos o corruptos para la República, en la Nación o en las Provincias.

 

Amazonia arde por este modelo devastador y desolador. Son los mismos actores, son los mismos incentivos, son los mismos provocadores, es la misma lógica, es su ideología, su modelo de granero del mundo y supermercado de ese supuesto mundo. La República de la Soja, sin diversidades, sin alma, de plástico, sin gente, sin amores. Y así estamos con este modelo en la Argentina del neoliberalismo del mejor equipo.

 

Si deciden avanzar, serán los responsables de imposibilitar un debate abierto, amplio, transparente, transversal a todos los partidos políticos y movimientos sociales, el poder darlo en la calle, en los Concejos Deliberantes, fortaleciendo las democracias. En realidad se viene dando de abajo hacia la institucionalidad democrática en todos sus poderes, como en Entre Ríos, en Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires, desde los docentes, las organizaciones campesinas, ecologistas, académicas. Pero estos empleados CEO enquistados en el poder, saben que se les diluye cada minuto y entonces el intento del manotazo para concretar la entrega y celebrarlo en la Sociedad Rural o en las oficinas de Bayer-Monsanto y Syngenta.

 

Si el decreto de necesidad y urgencia para las corporaciones genéticamente modificadas se concreta, será la entrega casi-final de un País por parte de los derrotados neoliberales en las urnas, que si con algo no tienen nada que ver, es con «la causa de los desposeídos» y «la lucha contra el régimen». Menos con aquel soñado Radicalismo de las reformas extremas en sentido democrático que Ricardo Rojas se atrevía a imaginar cuando golpearon a Hipólito Irigoyen. Más aún, en las antípodas de Raúl Alfonsín y Arturo Ilia. No es que no entienden nada, lo tienen claro, a esos sectores internos del gobierno no les importa, no pueden mirar mas allá de diciembre electoralmente, pero tienen una generosa mirada para sus socios o empleadores.

 

Vienen desde Felipe Solá y Carlos Menem queriendo privatizar la tierra, la salud, la educación, intentaron el agua,  ahora esto desde las mismas ideologías vergonzantes, las semillas. Nuestra verdad, es que desde hace un tiempo, están privatizando a los propios gobiernos.

 

Se perdieron en el Siglo XX más del 70% de las semillas de la madre tierra. Es éste el logro de la revolución verde de las corporaciones, unas pocas. Un ecocidio anunciado de muerte a los sistemas locales de las culturas de la siembra. Pero las resistencias son enormes y maravillosas.

 

Estas reformas extremas, de así concretarse,  lo son en sentido autoritario. La urgencia y la necesidad es la arrogancia, la prepotencia, la apropiación de lo mas valioso de historias milenarias de los reinos de vida que nos regalaron para todo los tiempos «las semillas» vivientes de miles de especies, que además tienen sentido, alma, amores, perfumes, sabores, colores y paisajes. Ellas no saben de la codicia y el capitalismo sin límites que está incendiando Amazonia y el gran Pantanal y está en la Argentina incendiando la Unión Cívica Radical y entregando una Nación desde la privatización de su biblioteca milenaria de soberanía alimentaria.

 

Como a la madre tierra, las semillas las heredamos de esa biblioteca milenaria de naturaleza e historias humanas que aún no hemos casi ni aprendido. No se la puede rematar en el altar de los cobardes y los mercaderes. Las semillas son de los pueblos, son de las generaciones por venir, es la responsabilidad de los pueblos y sus representantes custodiarlas ejerciendo la ética del cuidado mutuo. Será la Justicia -en última instancia- la que garantizará su perdurabilidad y sustentabilidad en todas sus dimensiones, ecológica, cultural y alimentaria para con todas las especies que nos conforman como pachamama. Privatizarlas es la peor decisión política que se puede tomar, más aún en estas instancias de la realidad nacional y regional. Privatizar las semillas es como privatizar el agua, es privatizar la madre tierra y no escuchar y comprender sus gritos.

 

No lo pueden hacer, borren de sus computadoras el proyecto de DNU y dedíquense a brindar un poco de paz social y responsabilidad institucional al resto de democracia que deben ejercer hasta finalizar la gestión.

 

(*) Abogado ambientalista.